A veces para correr no hacen falta las piernas, la velocidad y la fuerza también está en los brazos, como lo demuestran los corredores en silla de ruedas. No sólo cruzan una meta, inspiran a otros al lograr lo que se proponen después de meses, años de entrenamiento y adaptaciones técnicas en la silla; rompen con estigmas, barreras sociales y envían un mensaje poderoso de inclusión y visibilidad. No son raras las historias de proyectos atléticos iniciados en circunstancias físicas especiales, pero para competir en un maratón con estas particularidades hay que prepararse física y mentalmente, encontrar patrocinadores en el caso de los profesionales, contar con un buen equipo y pelear por mantenerse siempre alerta al camino, al piso, al pavimento. Son años de trabajo y de apasionada entrega; sin embargo, un bache, una coladera en mal estado, un descuido de las autoridades y los organizadores tiran por la borda lo que pudo haber sido una proeza.
A mí, la verdad, me da rabia. En el Maratón de la Ciudad de México, en el kilómetro 20, un corredor en silla de ruedas, el colombiano Francisco Sanclemente, líder de la competencia, cayó tras impactar con lo que inicialmente se reportó como un bache. Después, el mexicano Gonzalo Valdovinos, quien venía detrás, no logró esquivarlo y también cayó. Sanclemente se vio obligado a abandonar por lesión. Valdovinos logró reincorporarse y concluir en tercer lugar. En respuesta, el Gobierno, a través del secretario de Obras y Servicios, Raúl Basulto, aclaró que no fue causado por un bache, sino por una coladera de drenaje “mal intervenida” con anterioridad y que el desperfecto se pudo corregir de inmediato.
Previo al Maratón, según el comunicado oficial, se realizaron labores preventivas en la ruta: restauración de cinco mil metros cuadrados de carpeta asfáltica, nivelación de 15 brocales de drenaje y balizamiento con más de 42 mil metros lineales de pintura de tráfico. Sin embargo, en la premiación, Marco Caballero, quien finalizó en segundo lugar, denunció la recurrente presencia de baches y coladeras en mal estado en la ruta. Recordó que “todos los años es lo mismo” e, incluso, el año pasado otro competidor sufrió un incidente por esta misma causa.
El atleta también denunció discriminación en los premios: mientras que los ganadores de la categoría general reciben 50 mil dólares, los de silla de ruedas obtienen 60 mil pesos. Si las autoridades realmente quieren que nuestro Maratón siga perteneciendo al grupo de los mejores eventos internacionales, y conserve el brillo de la etiqueta oro que la World Athletics le otorgó en 2018, entonces habría que cuidar hasta el más mínimo detalle, que nada empañe el gran esfuerzo que hay detrás de la organización de un evento como este. Para merecer una etiqueta de oro, se deben cumplir varios requisitos, pero el más importante será siempre garantizar la seguridad de todos sus participantes: de élite, convencionales, en silla de ruedas, con prótesis y débiles visuales, entre otros. El diablo, dice mi madre, está en los detalles.
POR ROSSANA AYALA















