No cualquiera corre el maratón de Boston. Su sinuoso y engañoso trayecto no perdona los falsos alardes ni los excesos de confianza. Los primeros 26 kilómetros son una trampa para quien no sabe administrarse, un descenso que invita a querer correr más veloz. Y cuando ese error empieza a cobrar factura, aparece la llamada colina rompe corazones (entre el kilómetro 26 al 35 y que sube 53 metros) para recordarnos que este maratón mayor se domina con cabeza fría y fuerza, pero también con un poco de viento a favor, que cuando llega, puede convertir el esfuerzo en vuelo.
Así le ocurrió ayer al keniata John Korir quien no solo defendió su corona, sino que rompió el récord del circuito al detener el reloj en 2 horas,1 minuto y 52 segundos, confirmándose como uno de los maratonistas más fuertes y consistentes del momento. En Boston, sin embargo, no se persigue el récord del mundo: la federación internacional no homologa las marcas en recorridos lineales, donde el trazo y, sobre todo, el viento a favor, puede inclinar la balanza.
Para Korir, Boston también se ha convertido en un asunto de familia. Basta recordar la imagen del año pasado, cuando, tras cruzar la meta, se fundió en un abrazo con su hermano Wesley, campeón en 2012. Son los únicos dos hermanos que han conquistado esta carrera.
En la rama femenil, la edición 130 Maratón de Boston fue un festejo doble: la keniata Sharon Lokedi reafirmó su reinado al imponerse por segundo año consecutivo, mientras la carrera conmemoró seis décadas desde que la estadounidense Bobby Gibb desafiara las prohibiciones y derrumbara el mito de que una mujer no podía cubrir la distancia, al convertirse en 1966 en la primera en cruzar la meta sin un número. Un año después, en 1967, Kathrine Switzer pasaría a la historia por la imagen en la que intentaron sacarla de la competencia, pese haber logrado inscribirse usando solo con la inicial de su nombre.
El maratón de Boston, el más antiguo del mundo, nació en 1897, unos meses después de que el barón de Coubertin incorporara la prueba de maratón a los primeros Juegos Olímpicos de Atenas en 1896. Aquella primera edición reunió a solo 15 participantes y ahora, en 2026, cerca de 30 mil corredores de 137 países recorrieron el trayecto de Hopkinton hasta la icónica meta en Boylston Street, en el barrio de Back Bay.
Lo cierto es que, ante el crecimiento de los World Marathon Majors, la medalla del Unicornio de Boston no ha hecho más que reforzar su prestigio. La prueba mantiene un cupo limitado a 30 mil corredores, de los cuales el 80 por ciento de ellos deben ganar su lugar mediante marcas exigentes, aún más estrictas a partir de este año.
Y es que no cualquiera cruza la meta del maratón de Boston. No cualquiera resiste, no cualquiera entiende el momento exacto en el que hay que apretar y ceder ante un trayecto que, después de intentar ”romperte el corazón”, siempre quiere tener la última palabra. Porque Boston no se improvisa, quienes lo han corrido lo saben: se gana antes de la línea de salida.
POR ROSSANA AYALA
@AYALAROSS1














