Las nuevas épocas irrumpen en movimiento. En esa obsesión humana por la velocidad -que va del Dios Mercurio al Concorde, de Ferrari a hasta Usain Bolt-, ningún mortal había logrado alcanzar la meta del maratón en menos de dos horas. Lo ocurrido en Londres fue más que una competencia: fue una señal de que, cuando el talento y la tecnología se alinean, los límites dejan de ser frontera y se convierten en un punto de partida.
Y es que para todos, expertos, amateurs y neófitos, parecía imposible que en la llamada “prueba reina” del atletismo, creada por los griegos desde que Filípides, el mensajero ateniense, recorrió la distancia entre Maraton y Atenas tras la victoria sobre los persas en el 490 a. C.; llegó exhausto y cayó muerto, algún ser humano pudiera recorrer los 42.195 kilómetros en menos de dos horas, pero el domingo pasado, lo imposible sucedió y el futuro nos alcanzó.
Lo que muchos atletas y corredores intentaron, lo que soñaron y obsesionó a grandes como Eliud Kipchoge o el desaparecido Kelvin Kiptum, lo lograron dos atletas en el mismo evento.
Nombres como Sebastian Sawe y Yomif Kejelcha están redefiniendo los márgenes de lo posible. Ya no se trata únicamente de ir más rápido, sino de replantear hasta dónde puede llegar el ser humano.
Y en este escenario, la tecnología deja de ser un elemento. Hoy los avances forman parte del rendimiento, del día a día, del proceso que convierte a un deportista en atleta de élite. El estreno de las adidas Adizero Adios Pro Evo 3 lo deja muy claro. Estamos ante una nueva época. Un modelo que lleva el minimalismo al extremo para enfrentar 42.195 kilómetros: con menos de 100 gramos cada unidad, placa de carbono integrada y una innovadora espuma. Todo con el objetivo de optimizar la zancada. No obstante, ningún calzado haría posible lo que sucedió en Londres sin un ritmo, una fuerza y una ejecución casi perfectas como las de Sawe y Kejelcha. Y este es ahora el presente.
El inconveniente es que la caída de ciertos récords podría explicarse más por los avances tecnológicos que por una auténtica mejora en el rendimiento de los atletas. En este punto, las marcas, los patrocinadores, y la misma World Athletics tienen que precisar, los métodos y las reglas si no quieren arriesgar la credibilidad de las marcas obtenidas.
Yo no soy de las que piensan que la tecnología supera al atleta; pesa, sin duda, en el rendimiento, pero al final sigue siendo el cuerpo -y la cabeza- los que sostienen el esfuerzo, toman las decisiones y cruzan las metas. Disfrutemos mucho de este logro, sin perder de vista que detrás de cada marca hay disciplina y una voluntad que ninguna tecnología puede reemplazar.
POR ROSSANA AYALA
















