En apenas un año y nueve meses desde que tomó posesión, la “transformación” que la presidenta Claudia Sheinbaum vende en su discurso político nomás no logra verse claramente en el país, pero sí en su persona y en su estilo de gobernar y de ejercer el poder, que se torna cada vez más autoritario y amenazante para la cada vez más frágil democracia mexicana.
En una misma semana los mexicanos asistimos, entre sorprendidos y estupefactos, a dos expresiones de ilegalidad y autoritarismo que involucran directamente a la titular del Poder Ejecutivo Federal. Primero, la utilización burda e ilegal de su nombre y de su alto cargo para decirle a los beneficiarios de programas sociales gubernamentales, particularmente a niños de las escuelas públicas, que “la Presidenta les manda dinero” de becas y apoyos sociales que se pagan con dinero del erario federal, obtenido del pago de impuestos de millones de trabajadores y contribuyentes mexicanos.
Y segundo, la afirmación tácita, pública y contundente, de la propia doctora Sheinbaum Pardo, de que su política de comunicación social y manejo del dinero público destinado a la difusión e información en medios de comunicación (partidas 36605, 36101 y 36201) son ejercidas por su administración con total discrecionalidad, uso político y patrimonialista, y violentando lo que mandata la ley General de Comunicación Social del país, regulada por el artículo 134 constitucional.
“No quieren al gobierno. ¿Y por qué no lo quieren? Pues porque no les damos chayote, así tan sencillo como eso. Porque nosotros no le damos dinero a un periodista para que diga lo que queremos que diga. Sí hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación, a partir de sus audiencias; esencialmente es el esquema que tomamos. Hay algunos a los que no les damos: TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco, abiertamente lo digo. Pero todos los demás medios reciben a partir de sus audiencias. Es una fórmula que definimos a partir de que entramos al gobierno”, dijo la Presidenta el pasado miércoles, en su conferencia mañanera.
Es decir, que Claudia Sheinbaum, 44 años después, piensa y actúa exactamente igual que José López Portillo, y emulando el pensamiento y la política de la etapa más rancia y autoritaria del sistema priista, la mandataria que se jura democrática y de izquierda, acaba de acuñar su propia versión de la célebre frase del llamado Jolopo: “No pago para que me peguen” o “Te pago para que me pegues…pues no faltaba más”, pronunciada por el presidente priista el 7 de junio de 1982, justo en un evento de celebración del Día de la Libertad de Prensa.
Aquella frase y aquel pensamiento autoritario de la era priista, hoy está de vuelta y recargado con la doctora y su política de comunicación social, en la que ella misma reconoce públicamente que a los periódicos y medios que ejercen la crítica y la libertad de prensa frente a su gobierno, “no les damos (campañas públicas y recursos para difusión)”, mientras que a los medios que se disciplinan y someten, dejando de criticar o cuestionar su ejercicio del poder, a esos sí se les da y dice que esos medios dóciles o favorables a su actuación “reciben a partir de sus audiencias”.
Las afirmaciones de la Presidenta, como en su momento la de López Portillo, representan una abierta confesión de un pensamiento autoritario, censor y persecutor de la prensa crítica y de la libertad de expresión. El control, condicionamiento y censura que ejerce hoy el gobierno de Sheinbaum sobre los recursos públicos que por ley deben destinarse a apoyar la labor de la prensa y los medios de comunicación, es exactamente el mismo que ejercían los gobiernos del pasado, de los que ella y su movimiento político decían ser tan diferentes.
Si en su momento López Portillo aclaró que él no le pagaba a la revista Proceso de Julio Scherer, que cuestionaba y criticaba el despilfarro, la corrupción y la crisis económica de aquel sexenio, hoy Sheinbaum Pardo no tiene empacho ni vergüenza de reconocer públicamente que ella no le da recursos públicos (a los que se refiere como si fueran de su propiedad) a EL UNIVERSAL, al Reforma y a TV Azteca, porque son medios que ejercen su libertad de prensa y de crítica al cuestionar, documentar y exhibir lo que está mal en su mandato.
Cuatro décadas después, el rostro y el discurso del autoritarismo y la censura contra el periodismo tienen rasgos y tono femenino, pero su lógica es igual de cínica e ilegal: el presupuesto federal se utiliza como yo quiera, no como diga la ley, y el dinero público, que yo doy y quito a discreción, se utiliza para premiar o castigar las líneas editoriales de la prensa. En eso se resume el ataque de sinceridad que tuvo esta semana la Presidenta, que más allá de su siempre forzada sonrisa, está mostrando una cara cada vez más dura y un ejercicio de poder sin contrapesos ni limitaciones.
Porque encima de todo, la doctora, cuyo gobierno quiere definir qué es verdad y qué es mentira en el ejercicio de la libre expresión, miente también flagrantemente cuando dice que su presupuesto de comunicación social se ejerce y se reparte entre los medios a los que ella sí les da dinero, con base en el tamaño de sus audiencias, que es el criterio legal que establece la mencionada Ley de Comunicación Social federal. Nada más falso. Si se revisan el ejercicio de las partidas presupuestales 36101 y 36202 en los casi dos años de esta administración, se encontrará que el ejercicio de los recursos públicos está concentrado mayoritariamente en unos cuantos medios de comunicación, prensa y electrónicos, y en un gran número de portales digitales de los llamados “medios alternativos” que son afines a la 4T.
Por ejemplo, el periódico que más ha recibido dinero público en su administración es el diario La Jornada, afín al movimiento lopezobradorista, y que tan solo en los dos años de Sheinbaum ha facturado ya en contratos con el gobierno federal 237.3 millones de pesos en 2025 y 150.5 millones de pesos en lo que va de este 2026. Si se suma a lo que se le asignó a ese mismo diario en el sexenio de López Obrador, la suma total de lo que le han asignado a Demos Desarrollo de Medios, que es su razón social, son 1,315 millones de pesos, de acuerdo con un análisis del periodista Jorge Garcia Orozco, basado en los reportes presupuestales federales.
El mismo García Orozco señala que mientras La Jornada tuvo 34 millones de visitas en su sitio online en los últimos tres meses, EL UNIVERSAL contabilizó 61 millones de visitas en su sitio de internet, mientras que Reforma llegó a 14 millones. ¿Cómo entonces la Presidenta miente al decir que su gobierno entrega dinero a medios sólo por sus audiencias, cuando en realidad lo que hace es lo mismo que hacía López Portillo: les da sólo a los que hablan bien de su gobierno y evitan la crítica, mientras que a los que ejercen la crítica —amparados en el derecho constitucional y no porque no la quieran a ella o a su gobierno como afirma— los castiga negándoles el dinero de los contribuyentes mexicanos.
Y si eso pasa en la prensa escrita, en el caso de los medios electrónicos tampoco se sostiene la afirmación de la Presidenta de que a TV Azteca no le da contratos de publicidad porque no paga sus impuestos. El problema del adeudo fiscal que tuvo el dueño de Azteca, Ricardo Salinas Pliego, fue con su empresa Elektra y ya está siendo pagado por el empresario según los criterios y tiempos que le fijó el SAT. Sin embargo, la nula asignación de recursos federales que hoy tiene TV Azteca tiene más que ver con la línea fuertemente crítica que esa televisora adquirió en sus programas y noticieros contra la 4T y el gobierno de Sheinbaum a partir del rompimiento político de Salinas Pliego con el presidente Andrés Manuel López Obrador.
La prueba de que Sheinbaum miente, es que TV Azteca cobró en el sexenio de AMLO, 1,200 millones de pesos por contratos con el gobierno federal cuando aún no era crítica de la 4T, mientras que para 2025 la inversión federal en la televisora cayó a cero pesos; en tanto que a Televisa, una empresa que si bien hace crítica moderada, está más alineada a los intereses de su gobierno, en el sexenio lopezobradorista le facturaron 1,815 millones de pesos, y en el 2025 ya en esta administración le asignaron 412 millones de pesos, un aumento del 10% respecto a lo que recibió en 2024.
Así que, con una Presidenta ensoberbecida que cree que el dinero público le pertenece a ella y a su gobierno, que permite que sus funcionarios digan en anuncios oficiales que es ella la que “les manda dinerito” a los beneficiarios de los apoyos sociales, y que, como los gobernantes más autoritarios del PRI, repite aquello de que ella no paga para que le peguen y cataloga a los medios y a la prensa por buenos o malos, según los que la alaben y los que la critiquen, la realidad es que estamos viviendo tiempos negros para la democracia y para el ejercicio del periodismo crítico en el México de Claudia López Portillo, perdón de Sheinbaum Pardo.
NOTAS INDISCRETAS…
Y para los funcionarios y gobernantes del oficialismo que se les llena la boca diciendo que respetan la libertad de expresión y que “como nunca” se respeta la labor de los medios, ahí están los despidos, disfrazados de “cambios y reacomodos” en muchos medios mexicanos. A los 7 periodistas mexicanos asesinados en la total impunidad en lo que va de este sexenio, se suma el cierre de espacios, noticieros y programas en la radio y la televisión comercial en los que se ejerce el derecho a la crítica y la libre expresión. Mientras a los periodistas del interior de la República los asechan los caciques políticos y el crimen organizado, a los que ejercemos este oficio de manera libre en la capital del país, nos asecha el SAT, el agresivo y violento discurso gubernamental, y una forma de censura aparentemente sutil de las empresas de medios que, en aras de mantener su buena relación con el gobierno y de no perder contratos de publicidad y de otros negocios que mantienen con instituciones públicas, deciden cancelar noticieros, cerrar espacios y someter a sus periodistas y conductores para que dejen de criticar y cuestionar y se dediquen a hablar bien de las autoridades de todos los niveles. “Es que ya no nos conviene tu espacio”, “Estamos en nuestro mejor momento con el gobierno”, “Queremos hacer un programa diferente”, suelen ser las explicaciones con las que conductores, reporteros y editores son despedidos o liquidados por las empresas de medios. Ayer fue el caso del periodista Luis Cárdenas que anunció la terminación de su ciclo en MVS, donde condujo por años un exitoso noticiero matutino. Y a él se suma, nos sumamos una lista cada vez más larga de periodistas que se niegan a someterse a la línea gubernamental. Y no, no es ni tan burdo ni tan falso como dice la Presidenta cuando habla de que ella no da “chayote”, aunque sí se los dé en forma de contratos a los medios y portales digitales que la alaban y ensalzan su popularidad. Es simplemente porque hay periodistas que defienden y defenderán siempre su libertad y su derecho a decir lo que piensan, lo que ven y lo que saben que no está bien en un gobierno. Y nos pueden presionar, acosar, perseguir o incluso a muchos reporteros hasta desaparecer, torturar o matar, pero a esos que hoy se sienten dueños del país, del poder y del dinero público, se les olvida que el poder es efímero, pasa, se termina, y el periodismo libre lleva más de 200 años sobreviviendo en México a la colonización, tiranías, autoritarismos y censuras, ya sean las del pasado priista o las del presente morenista. Aquí seguiremos, ya sean ellos u otros los que estén en el poder…Los dados mandaron Escalera Doble por la libertad de prensa y en contra del autoritarismo presidencial.














