En una misma semana la brecha que se ha abierto en la relación México-Estados Unidos, por el combate a los cárteles de la droga y a sus políticos protectores, se hizo más que evidente.
El choque de visiones y posiciones entre la administración de Donald Trump y el gobierno de Claudia Sheinbaum se ahondó en estos últimos ocho días y la repetición de frases y consignas por parte de los dos mandatarios confirma que, por el momento, no hay un punto de encuentro, pero tampoco de retorno. La amenaza cada vez más latente e inminente de acciones militares unilaterales de Estados Unidos contra el narcoterrorismo y la narcopolítica mexicana, choca con el discurso de defensa de la soberanía y de que “México no acepta imposiciones de ninguna potencia extranjera.
Cada mandatario eligió su foro para reiterar mensajes que no son nuevos, pero que parecen estar llegando a un punto de conflicto. Trump escogió el martes pasado la Asamblea General de la ONU, desde donde elevó el tono y acusó a México, frente a la comunidad de naciones y al menos 130 jefes de Estado, de ser “el epicentro de la violencia de los cárteles” y de no ceder el control de su territorio y de la frontera a los narcos “enemigos de la humanidad”.
Sheinbaum respondió ayer domingo, desde el Zócalo de la Ciudad de México, con su repetido discurso de defensa de la soberanía nacional: “La independencia sigue marcando nuestro camino, porque la y los mexicanos no queremos injerencias, ni intervencionismo, ni violación a nuestra territorialidad”, dijo la mandataria mexicana en un mitin con seguidores de su partido.
Y aunque ni el choque, ni los discursos son nuevos en ambos presidentes, su repetición esta semana parece ser distinta a la de las disputas discursivas que han tenido en los últimos meses los gobiernos de México y Estados Unidos. Porque los tiempos electorales en Estados Unidos están influyendo y acelerando, no sólo el tono y la intención de los mensajes, sino la decisión que parece tener tomada la administración trumpista para convertir la guerra al narcoterrorismo en bandera electoral que ayude a levantar las bajas intenciones de voto en favor del partido Republicano en los próximos comicios de medio término en la Unión Americana.
Eso es lo que hace distinto el diferendo discursivo de esta semana en la tensa relación entre los dos países. La inexplicable ausencia de la presidenta en la Asamblea de la ONU y la cara del canciller Roberto Velasco y de toda la delegación mexicana que escuchaba a Trump en el salón de sesiones de Nueva York, mientras señalaba a México como un estado fallido que no puede controlar ni su territorio ni sus fronteras y nos catalogaba como el centro de la violencia criminal que amenaza a su país y al mundo, dijeron mucho a la comunidad internacional, sobre el vacío de autoridad y de Estado que hoy vive México.
La respuesta de la presidenta, que no se quiso tomar el tiempo para ir personalmente a responderle a Trump, en lugar de mandar al joven canciller que salió a hacer la “defensa” del país en un auditorio casi vacío y ya en la parte final de la Asamblea de la ONU, habla también de que el gobierno de Sheinbaum carece de una estrategia real para enfrentar la presión y la amenaza intervencionista de Estados Unidos, y se limita a repetir discursos y lugares comunes sobre defender una soberanía que muchos mexicanos no ven, ni viven ni perciben en sus comunidades en donde impera el miedo y la soberanía, pero del crimen organizado.
Y así, mientras la doctora se sigue negando a entregar a políticos acusados por la justicia estadunidense de proteger al narcotráfico y Trump está urgido de subir en las encuestas para ayudar a su partido a no perder la mayoría parlamentaria en sus próximos comicios, la tensión se mantiene y nos aproximamos, por las fechas, a un mes de octubre que podría ser histórico en la siempre compleja relación de los dos países vecinos. De los discursos a los hechos, entre el “epicentro de la violencia” y la retórica defensa soberana, cualquier cosa puede pasar en las próximas semanas que le dé un vuelco a una relación que, en el tema de combate a los cárteles, parece estancada y sin punto de retorno.
NOTAS INDISCRETAS… Terminado ya “el mes de la presidenta” y su road show de informes, discursos y acarreos masivos por toda la República, habrá que ver si la doctora se ocupa de los problemas realmente urgentes en el país, esos que existen a pesar de su discurso de que “vamos muy bien y México nunca ha estado mejor”. La muerte de bebés en el IMSS de Durango, que tardó más de una semana en reconocer su director Zoé Robledo, quien al final tuvo que pedir “disculpas” a los dolidos y maltratados padres, las extorsiones de un alcalde morenista en Juchitán y la violencia narca que sigue desbordada en estados gobernados por su partido como Morelos y muchos otros, se suman a muchas otras problemáticas que siguen ahí y no se irán por más que la presidenta haga giras, shows y mítines celebrando una supuesta bonanza y normalidad que no ven ni viven muchos mexicanos. Así que ya se terminó el jubileo del informe presidencial. Una vuelta a la realidad, aunque sea mucho pedir, es necesaria… Por cierto, cada vez crecen más las versiones de que la presidenta y la fiscal Ernestina Godoy taparon, o quisieron tapar, la corrupción de Ulises Lara con un simple despido o renuncia “por motivos personales”, a pesar de que las dos servidoras públicas tuvieron información sobre denuncias de extorsiones, tráfico de influencias y sobornos por filtrar información de investigaciones judiciales a indiciados que involucraban sumas hasta de 1 millón de dólares. Todo eso se comentó desde que ocurrió la intempestiva renuncia de quien fuera el “hombre de confianza” de la fiscal Godoy, pero en Palacio Nacional y en la FGR optaron por el encubrimiento y la complicidad con conductas del que fuera Fiscal de Asuntos Relevantes de la Fiscalía. ¿No es un asunto relevante que un fiscal encabece una red de corrupción, sobornos y extorsión desde adentro de al FGR? ¿Por qué no se le abrió una carpeta de investigación y en lugar de pedirle su renuncia personal, se le investigó, acusó y proceso? Eso se llama encubrimiento de un delito y conlleva responsabilidad penal y legal para quienes supieron de dicha conducta delictiva y no hicieron nada al respecto, porque prefirieron cuidar al presunto delincuente por ser tan cercano a la fiscal. Pero ojo, que hay personas que en su momento pagaron extorsiones y sufrieron los chantajes del exfuncionario de la fiscalía, y se dicen dispuestos a hablar y hasta a denunciar. ¿Qué hará al respecto la fiscal que, dicen, lloró al enterarse de que su protegido usaba el poder que le dio para delinquir? ¿Procederá contra él? Ojalá se le apareciera una bodega con pruebas y expedientes de los presuntos delitos de Ulises Lara a la doctora Godoy, y si no de plano, que se le aparezca un poco de dignidad y congruencia… Los dados mandan Serpiente. La semana se viene tensa.














