Decía el gran poeta y periodista Renato Leduc que conocer el tiempo es una sabia virtud: A tiempo amar y desatarse a tiempo. En su emblemático soneto “Tiempo”, válido para todo tipo de circunstancias, el escritor tlalpense nos recuerda que la vida es un tejido de instantes con su hora justa, y que quien aprende a escuchar el pulso del tiempo sabrá abrazar lo que llega y dejar lo que se va, con la serenidad de quien comprende que todo llega a su momento.
Hoy me resulta muy útil aplicarlo al tiempo que vive uno de los mejores maratonista de la historia: Eliud Kipgchoge que continúa corriendo sin más rival que su tiempo, al que derrota aun sabiendo que un día acabará derrotándolo. Mientras tanto ya no corre contra la distancia, ni contra con los nuevos y jóvenes talentos, ahora corre y dedica sus horas a la promoción global de este deporte que cada día tiene más adeptos en el mundo.
Y es que hace falta un temple único, una enorme sabiduría y haber vivido y aprendido tanto del éxito como del fracaso para ser capaz de entender que en la vida hay que saber cuándo una etapa termina y empieza otra distinta. “Como dice el refrán dar tiempo al tiempo, que de amor y dolor alivia el tiempo”. Kipchoge no ha vuelto a subir al podio de un maratón desde que ganó el Maratón de Berlín 2023 con un tiempo de 2:02:42. Solo unas semanas antes de que su compatriota Kelvin Kiptum, fallecido en 2024, batiera su récord del mundo para dejarlo en 2:00:35.
A sus 41 años Kipchoge ha ganado 16 maratones, de ellos cinco primeros lugares en Berlín, cuatro en Londres y dos oros olímpicos consecutivos en Río 2016 y Tokio 2020. Además, ostenta la segunda mejor marca de todos los tiempos de 2:01:09 y fue el primer ser humano en correr una maratón (exhibición, no oficial ni homologada) por debajo de las dos horas en Viena 2019.
Sin embargo también admiro al Kipchoge de la derrota, como su inesperado octavo lugar en Londres 2020, o los abandonos en Boston 2023 y en la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos de París 2024, en el kilómetro 31. No debió haber sido fácil hacer frente a la propia decepción y a la del mundo entero, no caer en la tristeza, el enojo o la frustración.
Después de cruzar la meta del Maratón de Nueva York 2025, Eliud Kipchoge nos sorprendió con su nuevo desafío. El keniano presentó “Eliud’s Running World”, una iniciativa que contempla correr siete maratones en los siete continentes, no solo como un bonito gesto deportivo con los miles de corredores amateurs, sino como un vehículo para recaudar un millón de dólares para la Fundación Eliud Kipchoge, enfocada en programas educativos y medioambientales.
De acuerdo con información publicada por Runner’s World, hace unos días Kipchoge provocó una auténtica euforia en China. El keniata, convertido ya en embajador de running, se mezcló con corredores amateurs en el medio maratón de Shijiazhuang, y durante su visita participó en eventos institucionales y culturales. La respuesta fue multitudinaria y refleja el alcance del atleta para convocar e inspirar a miles.
Es por eso que aplaudo esta nueva magia del keniata, de mirada profunda y sonrisa zen. Un hombre que, como en el soneto de Leduc, termina por poner al tiempo en su sitio. Kipchoge que alguna vez corrió contra el reloj, hoy corre no solo por placer, como lo hacemos todos los amateurs, sino para llevar su mensaje: correr puede transformar al mundo.
POR ROSSANA AYALA
@AYALAROSS1
















