- El dirigente del PRI lanzó acusaciones ante la comunidad internacional desde tribuna.
- Morena respondió con gritos y consignas que obligaron a constantes llamados al orden.
- Legisladores priistas intentaron reventar la sesión con megáfonos y carteles.
Discurso incendiario en San Lázaro
Durante la instalación del Congreso General, tras la entrega del primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, el senador y dirigente del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, tomó la palabra en nombre de su bancada. En un discurso de 18 minutos, interrumpido varias veces, acusó al gobierno de Morena de ser una “narcodictadura comunista” y denunció un supuesto “terrorismo de Estado”.
Moreno aseguró que en México no existen condiciones de normalidad democrática y pidió a organismos internacionales como la ONU y la OEA atender lo que calificó como la amenaza de un “narco-gobierno”.
Reacciones inmediatas
Las acusaciones provocaron la respuesta inmediata de los legisladores de Morena, quienes lo interrumpieron con consignas como “¡desafuero!”, “¡porro!” y “¡es un honor estar con Obrador!”. El presidente de la Mesa Directiva, Sergio Gutiérrez Luna, debió intervenir en al menos siete ocasiones para pedir orden en el recinto.
Señalamientos contra Noroña y otros actores
El priista también arremetió contra Gerardo Fernández Noroña, a quien llamó “corrupto” y lo criticó por sus fotografías con Nicolás Maduro y Manuel Bartlett. Desde su cuenta de X, Noroña respondió con ironía, acusando a Moreno de actuar como “delincuente disfrazado de legislador”.
Intento de romper la sesión
Tras su intervención, la bancada del PRI, encabezada por “Alito” Moreno, accionó megáfonos y alarmas en el pleno con el fin de interrumpir la participación de la senadora del PT, Geovanna Bañuelos. Esto obligó a un nuevo receso y a la intervención de Ricardo Monreal, presidente de la Jucopo, quien llamó al respeto y pidió evitar que el Congreso se convirtiera en “un escenario de violencia”.
La senadora Bañuelos calificó el discurso de Moreno como “la voz de la desesperación” de un partido en declive, mientras legisladores priistas mostraban carteles con la leyenda “Respeto a los Derechos Humanos”.















