Hay familias que han hecho de las carreras un punto de encuentro, una excusa para viajar y coincidir en medio de la rutina. Y en ese tránsito, casi sin darse cuenta, los hijos no sólo adoptan el hábito, la disciplina, la constancia, aprenden también a esperar, a acompañar y a celebrar. Heredan algo más que el gusto por correr: una manera de entender el esfuerzo y de habitar la vida.
Es un hecho que el auge del running recreativo ha ampliado de forma notable la presencia de jóvenes en las carreras. Hoy, lejos de ser una excepción, es cada vez más común ver cómo distintas generaciones coinciden en una misma competencia. Sin embargo, hay eventos que por su origen y propósito, van más allá de lo deportivo y apuestan también por fortalecer los vínculos familiares. Es el caso de la Carrera de Día del Padre, organizada por los Corredores del Bosque de Tlalpan, que se correrá el próximo 21 de junio.
La historia de esta carrera ayuda a entender su sentido. Fue también un 21 de junio, pero de 1981, que se celebró su primera edición. Un año después, en 1982, nació la Asociación de Corredores del Bosque de Tlalpan, y desde entonces el evento ha mantenido una vocación clara: promover el deporte, celebrar el Día del Padre y destinar parte de lo recaudado a la conservación del bosque.
Este compromiso no se queda en el discurso: se traduce en acciones concretas como proyectos de reforestación en sus 253 hectáreas, así como el mantenimiento de senderos, pista de arcilla e iluminación del espacio
Además de la competencia individual -que contempla premios económicos y la posibilidad de competir en maratones internacionales-, la convocatoria incluye modalidades y categorías como la de Padre e Hijo y Padre e Hija. Y es que no solo se trata de cruzar la meta, sino de hacerlo acompañado, mientras el resto de la familia se convierte en apoyo, testigo y celebración.
Lo cierto es que contar con un espacio como el Bosque de Tlalpan -pulmón de ciudad- para caminar, correr o convivir en familia es un privilegio. Un privilegio que suele darse por hecho, sin reparar en lo que implica sostenerlo. Detrás hay tiempo y manos de voluntarios, en su mayoría corredores, que trabajan y organizan eventos como la Carrera del Día del Padre, para disfrutar de un espacio que no se conserva solo.
Quizá por eso esta carrera importa. Porque ahí, entre generaciones que se encuentran, familias que se apoyan y un bosque que se conserva gracias al esfuerzo y a la voluntad de muchos, se revela que correr no solo es avanzar. Es también cuidar, acompañar y devolver. Y al final, más allá de la meta, medalla, o el premio, lo que permanece es eso que se transmite: una forma de entender la vida, el esfuerzo y de festejar a papá.














