Aquí estamos de nuevo, victoriosos ante la meta del Maratón Guadalupe Reyes. Muchos nos sentimos aliviados de concluir y sobrevivir a esta gesta que duró 26 días de celebraciones y excesos. Cortar la rosca es el cierre perfecto, aunque si te salió el muñequito lo mejor es aceptarlo con honor, porque pagar los tamales el 2 de febrero te hará obtener la medalla de campeón y el podio en este maratón.
Pero la fiesta terminó. Estamos a unos días de haber iniciado un nuevo año y de frente a un enero que no perdona. Días de promesas nuevas en los que la motivación está a tope: comer mejor, dormir mejor, volver a correr. Con los tenis, relojes y leggings nuevos, que nos regalaron o compramos en el Buen Fin con el aguinaldo, decimos: “Ahora sí, este 2026 bajaré mis tiempos”. Pero retomar no pide minutos o segundos, exige constancia.
Según estadísticas de Strava, la aplicación de seguimiento de actividad física para deportistas, casi 80 por ciento de las personas que incluyen correr como propósito de Año Nuevo lo abandonan para finales de enero. ¿Por qué? Estudios realizados por diferentes instituciones y universidades coinciden en que las personas que fracasan lo hacen bajo un mismo patrón: establecen sus metas con la emoción del momento, sin un sistema o estrategia que los lleve a automatizar el hábito. La motivación no es suficiente, es sólo una emoción, y las emociones no duran mucho.
Seamos honestos, ¿cuántas veces hemos empezado un plan hecho por alguna IA para dejarlo al mes porque no se ajustaba a nuestra vida? El secreto de los corredores más disciplinados que conozco es que ellos no deciden si entrenan o no basándose sólo en cómo se sienten al despertar o en el clima que hace afuera. Cuentan con un sistema que no negocia con los grados centígrados o con las ganas de levantarse.
Como ellos, podemos crear nuestras propias reglas o planes B basados en los obstáculos o nuestros pretextos más predecibles. Por ejemplo, para los días en los que el clima es un verdadero problema, puedes hacer rutinas de fuerza para realizar en casa o, si el tiempo no te da para correr 10 kilómetros, correr cinco; es mejor a no hacer nada. Establecer un mínimo para esos días complicados ayuda a mantenerte y no renunciar.
Cuando conoces y entiendes el porqué de la metodología de tu entrenamiento, obtienes herramientas para adaptarlo a tus circunstancias: si un día sales tarde del trabajo o no puedes correr y te toca “trote de recuperación”, puedes cambiarlo por un poco de bicicleta o elíptica en el gimnasio.
Para sostener el hábito de correr se requiere dejar de improvisar cada mañana. Diseñar y escribir un sistema de reglas para los días en los que la motivación falte o las circunstancias no sean las adecuadas.
No se trata de castigar al cuerpo por todo lo que comió o bebió, sino de acompañarlo mientras aprende a conocerse. No es fácil, pero merece la pena intentarlo. Feliz Año.
POR ROSSANA AYALA















