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martes, mayo 28, 2024

Déjala (o) correr

Si amas a alguien déjala (o) correr, si vuelve feliz, te lo compensará. Convivir con un corredor apasionado no es fácil, pero así como en la pasada entrega hablamos de lo importante que es no afectar la vida familiar por nuestro gusto por correr, ahora toca hablar de las necesidades de los corredores y de lo importante y necesario que es para para nosotros el apoyo y la comprensión de las personas que amamos, para poder realizar plenamente una actividad que no sólo nos apasiona, sino que nos deja grandes beneficios.

Así como a los no corredores hay cosas que les resultan odiosas o irritantes de nuestra afición, también a veces, la familia y los amigos se portan poco comprensivos y hasta intolerantes cuando intentamos compartir con ellos algo de lo que nos afecta o interesa. Voy a correr el maratón tal, estoy entrenando para la carrera fulana, tengo la rodilla lastimada, mañana voy hacer distancia, hoy me toca atún, son frases que solemos decir, no por molestar a nadie, sino porque intentamos que entiendan lo que para nosotros es importante. Algunos por amabilidad o por no herir tus sentimientos, no te dicen que te calles, pero mientras hablas se distraen, toman su celular o de plano no te pelan.

Pero qué quieren, correr es parte de nuestra vida. Por muchos motivos no podemos dejar de hacerlo. Nos dan la fuerza para dejar a un lado la flojera, el cansancio o el sueño y nos impulsan a ponernos los tenis y salir. Corremos por pasión, por que nos enseña a no rendirnos, nos mantiene sanos y en forma y porque corriendo disfrutamos la inmensa fortuna de estar vivos.

He conocido a quienes han dejado de correr por la incomprensión y falta de apoyo de la familia o pareja, por los reclamos, los celos o peor aún, el sabotaje. Nada más alejado del propósito de esta afición; no se trata de molestar a nadie, pero con todo el respeto y la prioridad que siempre deben tener la familia los amigos y la pareja, nadie puede ni debe condicionar, sabotear y mucho menos prohibir, algo que para ti es positivo y, en muchos casos, hasta una necesidad.

Cuando los nuestros llegan a entendernos, es una fortuna. Tener personas que no sólo comparten contigo la vida, sino también tus kilómetros ¿Qué sería si los que tanto amas no hubieran estado esperando por ti en la meta? Yo no me lo puedo imaginar. Pero sé que cada kilómetro que he corrido me ha cambiado por dentro y por fuera. No sé si soy mejor o peor persona por correr, lo que sí sé es que soy más feliz, más plena, y eso mi familia lo agradece.

Por eso cuando los que nos importan apoyan nuestro esfuerzo, nos animan, nos acompañan y en ocasiones hasta nos patrocinan, nos sentimos felices y agradecidos con la vida por tenerlos a nuestro lado. Su amor y comprensión son el mejor motivo, la mejor medalla que un corredor puede recibir. Todo el esfuerzo, entonces, vale la pena. Y somos verdaderos campeones, aunque seamos los últimos en cruzar la meta.

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