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jueves, mayo 30, 2024

Familia del corredor

Si eres un corredor común, de los que corren de tres a cinco días a la semana, seguro le dedicas a esta pasión entre hora y media y tres horas de tu día. Alistarte, trasladarte al lugar donde corres, hacer estiramientos y calentamiento, para finalmente hacer tu carrera, ya te llevó hora y media. Si sumas el regreso a casa, el baño y el arreglo para tu actividad diaria, hablamos, mínimo, de dos a tres horas.

Eso, sin contar los días en que haces distancias largas o el tiempo que dedicas a saludar y platicar con amigos o compañeros de equipo. Y si preparas una carrera importante como un maratón, el tiempo se duplica y puede consumir mucho más de tu día.

¿Te has preguntado de qué manera esta locura de correr afecta a la familia?

Si tenemos pareja, la obligamos a aceptar nuestra afición. No puedo salir a cenar, tengo que levantarme temprano¿Fiesta? Uy, no, mañana tengo carrera. Si tenemos hijos, esperamos que entiendan lo importante que es para nosotros; si somos solteros, queremos que todos en casa, en la oficina o hasta nuestro jefe, comprendan por qué hablamos tanto de esto que nos apasiona.

Para que correr no se te convierta en un problema familiar, lo primero es compartir siempre con tus más cercanos las razones y motivos por los que para ti esto es importante y cómo mejora tu salud o estado de ánimo. Lo ideal es convencerlos de los beneficios de correr, de lo positivo que resulta y, si es posible, darles un empujoncito para que ellos también se animen, sin imponerles nunca lo que a ti te gusta.

Hay muchas cosas que podemos hacer juntos, como estirar, calentar, buscar un circuito pequeño en el que nos crucemos cada uno a su ritmo, incluso los más pequeños pueden ir en bici o patines. A la familia no debemos imponerle nuestro gusto por correr, pero sí podemos compartir con ellos esta actividad como compartimos muchas otras cosas, sólo hay que ser sensibles y considerados.

Si el plan familiar no funciona, entonces hay que ir al plan B: planificar nuestras rutinas afectando lo menos a la vida familiar. Esto implica, a veces, tener que madrugar y salir más temprano, o si entrenas por las tardes, antes de salir, dejar todo organizado (compras, tareas, bañar a los niños, etc.) aunque tengas que salir un poco más tarde. Cualquier sacrificio por la familia vale la pena.

En mi experiencia, mi familia es comprensiva y entienden mi pasión por correr; me apoyan cuando participo en una carrera, me animan, no se quejan de mi sudor cuando llego de entrenar y hasta me dicen que soy una campeona. Los amo y trato de ser recíproca con ellos.

Si devolvemos ese cariño y generosidad a nuestra familia, si nos ponemos en su lugar y organizamos nuestros horarios de correr para que, sin dejar de hacer lo que a nosotros nos gusta y nos hace tanto bien, no los afectemos ni abrumemos con nuestra pasión, disfrutaremos más, seremos corredores más plenos y felices, en familia.

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