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lunes, julio 15, 2024

Paso Rarámuri

Corren para alcanzar una meta, corren si tienen que ir a alguna parte, corren para jugar, para cazar, para sobrevivir y hacen de la necesidad de desplazarse una virtud que desde siempre los ha salvado como pueblo.

Son los rarámuri, la etnia mexicana de corredores que, mostrando con orgullo su vestimenta —los hombres traje de manta y huaraches, y las mujeres, vestidos coloridos—, participan en ultramaratones y viajan obteniendo triunfos y reconocimiento para ellos y para México en todo el mundo.

Y como ejemplo de grandes correrdores rarámuri está la familia Ramírez, cuyos integrantes han mostrado la fuerza milenaria de su paso tanto en México como en el extranjero.

Santiago Ramírez, el patriarca, ganó por segundo año consecutivo, el primer lugar en los 50 kilómetros en el Ultramaratón del Oso Polar en Manitoba, Canadá, en noviembre pasado, mientras que su hijo José Mario, de 26 años, consiguió el segundo lugar en los 42 kilómetros, y su hija menor, Juana María, de 22 años, ganó el primer lugar del medio maratón.

Ahora esta familia de atletas viajará a España para participar el 9 de junio en el Ultramaratón Tenerife Bluetrail en la modalidad de 97 kilómetros.

Después de esta carrera, los Ramírez, que hablan poco español, regresarán a Chihuahua a sembrar, a estudiar y a seguir trepando las montañas, en donde aprendieron a correr desde pequeños, para prepararse para la siguiente competencia.

Para ellos, la carrera es la vida en todos los sentidos: es subsistencia, supervivencia y existencia. Y ahora es también la oportunidad de tener una pequeña casa nueva, como la que les entregó el gobierno de Chihuahua a José Mario y su esposa, además de becas para que continúen su entrenamiento por 10 mil pesos a cada uno.

Correr por necesidad y por motivos espirituales no es exclusivo de los rarámuri.

En Brasil, los indígenas timbira, en la Selva Amazónica, practican una carrera en equipos de hombres que van cargando un tronco de un metro de longitud, que se va entregando por relevos hasta llegar a la meta.

El recorrido inicia en el punto donde se cortan los troncos y termina en el centro de la aldea. Si un equipo logra demasiada ventaja, espera al otro, para que al final no exista gran diferencia entre ganadores y perdedores.

No hay premio para los que ganan, el único propósito es activar la mayor cantidad de fuerza interior que sirva para recargar las energías de lo creado. Pero eso sí, los ganadores reciben la admiración y deseo de las mujeres de su tribu.

Como los rarámuri o los timbira, para muchos pueblos nativos del mundo, la carrera forma parte de su identidad como grupo, como tribu, los identifica ante los demás.

Están convencidos de que al correr el alma se engrandece y los sostiene en los momentos en que más lo necesitan.

Corren para salvar del tiempo y del olvido sus tradiciones, para salvar su mundo, para salvarse a ellos mismos.

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