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martes, mayo 28, 2024

Prisa y castigo

Por razones extrañas a la acción de correr, le hemos asignado palabras e ideas que la asocian con algo negativo. Por ejemplo, al decir es que ando a la carrera es porque estamos apurados,estresados y el tiempo no nos alcanza para nada; o cuando en la clase de educación física a un alumno indisciplinado se le castiga con correr 10 o 15 vueltas a la cancha. Esta desafortunada relación con el acto de correr ocurre porque confundimos la carrera con la prisa y el esfuerzo con castigo, cuando son cosas muy distintas.

Quien sabe correr y lo hace desde hace tiempo sabe también que no hay que hacerlo con prisa, no importa si estás en una competencia o busques romper un récord mundial o personal, el verdadero corredor comprende que la prisa no sólo le resta concentración, fuerza y energía, también le impide experimentar ese estado de liberación mental que lleva a un atletla a lograr grandes marcas.

Con más razón, la prisa no existe para quien corre sólo por el placer de correr, para ellos el objetivo es experimentar, zancada tras zancada, otro tipo de espacio y de tiempo. Para estos corredores el reloj se detiene por unos instantes, no existe más que el tramo de camino que tienen por delante y conforme avanzan van dejando atrás las presiones, las neurosis y las prisas de la vida contemporánea, en un proceso liberador.

Algo muy distinto pasa cuando correr no es un acto voluntario y lo hacemos por obligación o imposición; entonces cada paso es un castigo. Personalmente pertenezco a una generación para la que la clase de educación física era un tormento basado en aburridas tablas de gimnasia que había que preparar todo el año para el festival del Día de las Madres o de fin de curso. Muchas de mis compañeras fingían malestares con tal de no correr a 40 grados, bajo el intenso sol deCiudad ObregónSonora. Y es que tampoco contábamos con ídolos deportivos con quienes proyectarnos. El 10 perfecto de Nadia Comaneci y el brazo poderoso de Fernando Valenzuela estaban lejos de nuestras capacidades y así crecimos relacionando el esfuerzo físico extra con el sufrimiento y la gloria deportiva con lo inalcanzable.

¿Cómo entonces los que crecimos con esa noción del esfuerzo físico y el deporte podemos cambiar nuestra mentalidad? Entendiendo que el dolor del corredor es distinto, se vincula más al esfuerzo, a un acto voluntario de sufrir: uñas negras, ampollas, acumulación de lactato. No es un proceso fácil reeducar la mente, pero a fuerza de constancia y disciplina se llega a amar el esfuerzo y el dolor de la carrera. Porque corriendo se puede vivir en otro tiempo y espacio, se puede ser veloz y al mismo tiempo ir sin prisa; se puede también dejar de ver el dolor como castigo, aceptarlo como parte de la vida y como un ejercicio que sirve para hacer frente a cualquier obstáculo. Quitémosle estereotipos negativos a la carrera y disfrutemos más de esta actividad que nos aporta salud y felicidad.

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