Hace una semana, Sebastian Coe, presidente de World Athletics, anunció que la federación que preside realizará pruebas de género obligatorias y no invasivas a los atletas con el objetivo de “proteger tenazmente la categoría femenina”, y que todas las mujeres que quieran participar en eventos internacionales deberán superar estas pruebas que demuestren que sus cromosomas son XX o XY sin sensibilidad a la testosterona.
Esta norma de la WA es clara y contundente: Las mujeres competirán solo contra otras mujeres biológicas. Esto afectará a las mujeres trans ya las consideradas como XY DSD (Diferencias del Desarrollo Sexual), niñas que nacen como mujeres en apariencia y se les asigna el género femenino, a pesar de tener testículos internos plenamente funcionales en lugar de ovarios.
Antes de la aprobación de esta nueva norma dentro del atletismo, solo podía participar en las categorías femeniles mujeres trans que hubieran realizado su transición de supresión hormonal antes de los 12 años y que mantuvieran un nivel bajo de testosterona, y en cuanto a las mujeres DSD, que redujeran su nivel de testosterona a cualquier edad. En este nuevo reglamento se señala que no se tendrá en cuenta la concentración de testosterona ni la edad de la transición, solamente los genes y la sensibilidad a la testosterona. Lo cual lo hace más riguroso.
Queda claro que para la WA, las atletas transgénero no podrán participar en la categoría femenina. Esta nueva norma del atletismo internacional coincide con la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que establece que para los Juegos Olímpicos de Ángeles 2028. “los hombres quedarán fuera de las competencias de mujeres”, refiriéndose también a las deportistas trans.
Lo interesante de todo esto, por un lado, es que aunque la nueva presidenta del COI, Kirsty Coventry, se ha comprometido a proteger a las mujeres deportistas, su antecesor y quien la impulsó para dirigir el comité, Thomas Bach, permitió en 2021 que las federaciones deportivas definieran sus propios reglamentos para la inclusión de los deportistas transgénero. Sin duda el reto ahora es que el COI establece una norma única respecto a estos deportistas para todas las federaciones.
Y lo delicado es ¿cómo hacer para que estos avances tecnológicos no se convertirán en un retroceso y abran la puerta a los fervientes antitrans deseosos de fomentar la discriminación?, ¿cómo se evitarán las filtraciones de los resultados de esos test?, ¿qué pasarán con las niñas que quieren ser atletas y les dicen que no podrán cumplir su sueño porque según las normas, y aunque su aspecto sea de mujer, en realidad son hombres? No será fácil conciliar posturas y llegar a acuerdos. La diversidad humana es tan colosal y complicada, como la cantidad de personas que habitamos este planeta.
POR ROSSANA AYALA