Seamos honestos: ¿quién no se ha dejado seducir por promesas como “vientre plano en treinta días”, “gana condición en dos semanas”, “baja 10 kilos en un mes”? Retos fitness que circulan en las redes sociales, sobre todo en estos días. Objetivos claros enfocados en ver resultados en tiempo récord. Aunque pueden ser una buena forma de comenzar a ejercitarnos, el problema radica en que entrenar durante un tiempo determinado, sin un periodo a largo plazo, no es lo más efectivo ni recomendable.
Y es que después de esos 21 o 30 días, el cuerpo se da a la tarea de mostrarnos que ni logramos tener el abdomen marcado y, en el peor de los casos, terminamos lesionados. La cuestión es que muchos de estos retos ponen a todas las personas no sólo frente a objetivos inalcanzables; además, el hecho de someterlas a las mismas reglas y a competir sin tomar en cuenta factores como condición física, horarios, circunstancias y aptitudes distintas puede generar una sensación de insuficiencia, aunque estén haciendo las cosas bien.
Los ejemplos negativos son a veces más convincentes y significativos que los positivos. En una ocasión participé en un reto propuesto por un miembro de mi grupo de corredores. El desafío consistía en hacer y aumentar una lagartija por día durante un mes. ¿El resultado? Algunos lesionados, otros se aburrieron y lo abandonaron; yo, por supuesto, no lo terminé. Los pocos que lo acabaron no notaron una gran diferencia entre el antes y el después. La conclusión fue que para que un reto funcione debe ser personalizado, viable y controlable.
No dudo que existan retos elaborados por profesionales, basados en que cada persona es diferente y que no existen fórmulas mágicas. Desafíos específicos, medibles y realistas, cuya satisfacción esté en el proceso y que lleven a sus participantes a establecer hábitos que perduren. Sin embargo, si nos asomamos a las redes nos damos cuenta de que abundan los que manejan registros sustentados en estándares y promedios y que sólo te preguntan estatura, peso o si eres mujer u hombre.
Lo cierto es que cualquier actividad siempre será mejor que ninguna, y cada quien decide qué lo motiva a moverse. Pero también es cierto que la manera más inteligente de comenzar a entrenar o de lograr un objetivo es a través de la estructura y la planeación a corto y largo plazo. Un programa con metas y expectativas razonables, que sean saludables y de preferencia personalizado, que además nos permita construir un hábito que permanezca y que no sólo dure lo que dure el reto.
Para observar una verdadera evolución, la mejor manera es con la ayuda de un entrenador que nos enseñe ejercicios, rutinas y consejos que nos sean útiles para toda la vida. Un profesional que evalúe nuestras capacidades iniciales y conozca nuestras limitaciones para que la frustración no aparezca. Pero si la economía no nos lo permite, leer e informarnos sobre la fisiología básica de correr nos ayudará a tomar mejores decisiones. El reto hoy es aprender para entrenar mejor.
Por Rossana Ayala
@AyalaRoss1
















