• Encuestas muestran caída en respaldo al Likud tras la tregua con Irán
• Crece la percepción de un acuerdo sin resultados y condicionado por Estados Unidos
• Aumenta el descontento social y la desconfianza hacia el gobierno
El reciente alto el fuego entre Israel e Irán, tras más de 40 días de enfrentamientos, ha impactado negativamente en el respaldo político al primer ministro Benjamin Netanyahu. La tregua es percibida por una parte significativa de la población como un acuerdo sin logros claros y con fuerte influencia de Estados Unidos, lo que ha generado frustración y cuestionamientos incluso dentro de su base política.
Un sondeo del Canal 12 indica que el partido Likud obtendría actualmente 25 escaños, dos menos que antes del conflicto. Este retroceso se da en un contexto electoral complejo, ya que las proyecciones rumbo a los comicios de otoño no garantizan a la coalición gobernante la mayoría necesaria para mantenerse en el poder.
Malestar social tras una tregua cuestionada
Lejos de generar alivio, el cese de hostilidades ha dejado una sensación de desgaste entre la población. Diversos estudios reflejan que solo una minoría percibe la tregua como un resultado positivo, mientras que prevalece el descontento por la falta de objetivos cumplidos durante la ofensiva.
Especialistas en opinión pública advierten que la sociedad israelí enfrenta una carga emocional significativa, marcada por la incertidumbre y la percepción de que el conflicto no resolvió los problemas de seguridad planteados.
Críticas desde la propia base política
El descontento no se limita a la oposición. Sectores de derecha, tradicionalmente afines al gobierno, han mostrado una postura más crítica frente a la gestión del conflicto.
Investigaciones académicas señalan que una proporción considerable de ciudadanos califica la campaña militar como insuficiente o fallida. Este escenario ha debilitado uno de los principales activos políticos de Netanyahu: su imagen como líder en temas de seguridad.
Sin embargo, este malestar no necesariamente implica un giro hacia la izquierda, sino una posible redistribución del apoyo dentro del mismo espectro conservador, hacia otras figuras políticas.
Incertidumbre en el frente norte
En paralelo, existe un amplio recelo ante la posibilidad de una tregua con Hizbulá en la frontera con Líbano. La mayoría de la población considera que no es viable regresar a las condiciones previas al conflicto sin establecer nuevas garantías de seguridad.
Analistas coinciden en que cualquier solución duradera requerirá acuerdos más amplios, posiblemente con la participación del Estado libanés y respaldo internacional.
Desconfianza y temor a una nueva escalada
El clima interno está marcado por un alto nivel de desconfianza hacia el gobierno. Una mayoría de ciudadanos considera que no recibe información completa sobre el desarrollo del conflicto.
Además, una proporción significativa estima probable que las hostilidades se reanuden en el corto plazo, lo que mantiene la tensión en la sociedad.
Este escenario ha incrementado el escepticismo incluso entre simpatizantes del gobierno, reflejando un desgaste político que podría influir en el panorama electoral en los próximos meses.
















