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jueves, julio 25, 2024

Envejecer corriendo

Cada etapa de la vida representa la ocasión de plantearse nuevos retos. Envejecer corriendo nos brinda la oportunidad de reinventarnos cada año que pasa, borrar el historial y empezar de nuevo, reconocer y aceptar que las cosas cambian, que aun cuando no se tienen las mismas condiciones de antes, siempre hay que ver hacia adelante, tener como meta ser mejor y estar mejor dentro del rango de nuestra edad, siempre y cuando nuestra salud en general y nuestro corazón nos lo permitan.

Reconozco que lo primero que siento cuando en una carrera se me adelanta alguien con más de 60 años, es un poco de frustración, pero enseguida me acompaña la admiración, el respeto y el anhelo de poder hacer lo mismo cuando yo tenga esa edad. Y corro un rato detrás de ella o de él, observando su zancada, su fuerza, su energía y concentración. El deseo de quienes nos gusta correr es hacernos viejos con las mismas ganas de ponernos los tenis, con el mismo optimismo, pero asumiendo, que no sólo “quemamos” kilómetros, también los años se quedan en la pista y debemos estar conscientes de ello.

La vida del corredor se puede comparar un poco con la vida sexual. Primero, de jóvenes queremos correr muy rápido, ser los más fuertes, los más duros, los más competitivos, pero con la edad y el paso del tiempo nos damos cuenta de nuestras limitaciones y aprendemos a aceptarlas y a aceptarnos a nosotros mismos, somos más pacientes, más conscientes de nuestro cuerpo y de sus necesidades. Y al final, los más afortunados terminamos apreciando el verdedero disfrute y significado del amor… y del correr.

La disminución del rendimiento físico con la edad es una realidad, pero tampoco debe convertirse en una fatalidad. Para una persona con actividad física regular, este rendimiento disminuye 1% al año, entre los 30 y los 50 años de edad. Un 2% entre los 50 y los 75 años. Y a partir de los 75 años, la pérdida suele cuantificarse entre el 6 y el 8%. Por lo que cualquier de- porte es bueno para compensar esta pérdida.

A partir de los 30 años la cantidad de células óseas se va reduciendo entre 1 y 2% al año. Especialmente en las mujeres a partir de la menopausia. Los deportes de impacto como correr disminuye este proceso, al estimular dichas células.

Entre los 50 y los 70 años perdemos alrededor de un 15% de nuestra masa muscular cada década y a partir de los 70 el índice se dispara al 30%. Por lo tanto, es de vital importancia trabajar la fuerza con entrenamiento con pesas, para compensar la disminución de esa masa muscular.

Hay que ignorar las voces que dicen que “eres demasiado grande para correr”, las únicas voces autorizadas para impedírtelo son la del médico y la tuya. La vida de un deportista no acaba con la edad. La experiencia y los años nos enseñan que no sólo es posible correr, sino hacerlo mejor y con la posibilidad de disfrutarlo mucho más que en nuestros años mozos. Todo lo que se requiere es una mente abierta y consciente.

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