- La movilización buscó contrarrestar el discurso oficial de celebración y visibilizar la violencia y las desapariciones
- La protesta fue pacífica, con baja convocatoria y un recorrido limitado hasta Bellas Artes
- Los organizadores exigieron diálogo con el gobierno federal y mayor seguridad
La Generación Z realizó este domingo 14 de diciembre en la Ciudad de México la llamada Marcha del silencio: no hay nada que celebrar, una movilización pacífica encabezada por jóvenes que expresaron su inconformidad ante un año que consideran marcado por la violencia, el luto y la falta de espacios reales de participación para las juventudes.
Antes del inicio de la protesta, el vocero del movimiento, Iván Rejón, explicó que la marcha surgió como una respuesta directa a la movilización oficialista del pasado 6 de diciembre y como un intento por romper la narrativa de celebración impulsada desde el gobierno. Señaló que la intención era mantener viva la movilización social y abrir el debate sobre temas que, dijo, siguen sin resolverse.
El contingente comenzó su recorrido alrededor de las 11:20 horas desde el Ángel de la Independencia. De acuerdo con estimaciones de autoridades capitalinas, la asistencia osciló entre 120 y 300 personas. Los manifestantes avanzaron en silencio por Paseo de la Reforma portando banderas de México, imágenes religiosas y pancartas con mensajes críticos hacia el gobierno federal, en demanda de paz, seguridad y justicia.
Ante el cierre y resguardo del Zócalo capitalino, los organizadores informaron que la marcha no llegaría a la Plaza de la Constitución y concluiría en las inmediaciones de Bellas Artes. Durante el trayecto, Rejón reiteró que entre las principales exigencias del movimiento se encuentra la instalación de una mesa de diálogo con el gobierno federal y acciones concretas para frenar las desapariciones de personas en el país.
En un punto cercano al Senado de la República, algunos manifestantes rompieron brevemente el silencio para lanzar consignas políticas, aunque la movilización se mantuvo mayoritariamente ordenada y sin incidentes. Pese a la visibilidad del recorrido, pocas personas que observaron desde las banquetas se sumaron a la protesta.
Hacia el final de la marcha, el grupo se dividió: una parte permaneció en la zona de Bellas Artes y otra intentó avanzar hacia el Centro Histórico. Los organizadores aclararon que los participantes vestirían ropa blanca para deslindarse de cualquier grupo que buscara generar disturbios y subrayaron que el objetivo central fue cerrar el año visibilizando la crisis de violencia y desapariciones, así como la inconformidad de un sector juvenil que afirma no sentirse representado.
















