Ahora que soy mayor, un poco más mayor, y con más de 30 años practicando este deporte (algunos de forma intermitente), puedo decir que no me siento ni más fuerte, ni más rápida, o mucho más lenta, que en épocas pasadas. Pero sí he aprendido a conocer mi cuerpo, a cómo cuidarlo, sé de mis límites y he desarrollado un tipo de lenguaje, que al transferirlo al día a día, me ayuda a superar dificultades que se me van presentando. La vida te va enseñando y lo más decente y lógico es aprender de los errores y de los aciertos.
Aunque los años, por sí solos, no nos hacen mejores corredores, ni mejores personas, todos deberíamos considerar que, si nuestro objetivo es llegar sanos y en forma a los 80 años, tenemos que planearlo desde ahora. Una vejez lúcida e independiente exige esfuerzo: hacer ejercicio, comer bien, no beber en exceso, leer y mantener una vida social. Según la OMS, entre 2015 y 2050 la población mundial con más de 60 años pasará de 900 a dos mil millones. Seremos muchos los adultos mayores. En México este grupo asciende a poco más de ocho millones; para 2050 aumentará a 24.4 millones.
Sin duda la jubilación continuará siendo para muchos un momento muy esperado, pero no hay razón para que ese día sea el que separe la vida de la actividad. En 2024 corrí el Maratón de Berlín y en esa ocasión, la del 50 aniversario, corrió también Günter Hall, el ganador de la primera edición en 1974. Ya cumplidos los 84 años, y en su quincuagésimo año como maratonista, el campeón volvió a ponerse los tenis y a colocarse en una línea de salida para demostrar que el espíritu no envejece. Ya no corrió contra el reloj, lo hizo para demostrar que los maratones no sólo se miden en tiempo o en kilómetros, se corren por los recuerdos, las historias que dejan huella y los corazones de quienes cruzan la meta.
Pero también hay quienes a sus 80 años buscan grandes retos como la estadounidense Natalie Grabow, quien el sábado pasado cruzó la meta del Campeonato Mundial IRONMAN de Hawai. No sólo completó el desafío de una de las competencias más importantes y con más prestigio del mundo, en la que ha participado 10 veces, también se proclamó campeona en su categoría, convirtiéndose en la mujer con más edad en ganar. Esta prueba exige que los atletas naden 3.86 kilómetros, recorran en bicicleta 180 kilómetros y corran 42.195 kilómetros. Grabow comenzó a competir a los 61 años, sólo por mantenerse activa, hoy, 20 años después, es un símbolo de fuerza y longevidad deportiva.
Para estos atletas, como para muchos otros veteranos, el edadismo (los prejuicios y discriminación por razones de edad) no necesariamente imponen los límites de lo que pueden o no hacer, y demuestran con sus hazañas que eso de la edad es sólo un número. Sus historias nos inspiran, pero lo cierto es que no necesitamos hacer un IRONMAN o correr maratones, con movernos todos los días empezaremos a estar mejor y romperemos con los estereotipos que señalan que una persona mayor tiene que ser sedentaria y dependiente.
Por Rossana Ayala
















