Existen esos días en los cuales nuestro cuerpo se rebela en contra de nuestra testarudez y de nuestros mejores propósitos. Nos envía señales bien claras para decirnos que esto de correr tal vez no es lo nuestro: madrugar para salir a correr se convierte en una verdadera batalla y nuestras piernas se transforman en dos bloques, duros y difíciles de mover. Y es que existen jornadas en las cuales la carrera se hace tremendamente difícil.
A mí me ocurre, al menos, en estos días. Yo diría que les pasa a muchos. Después de hacer el primer pequeño balance de nuestros ambiciosos y famosos propósitos de Año Nuevo, la motivación baja y la frustración hace mella en nuestros objetivos. Aunque basta con mirarnos de cerca y ser honestos para recordar y reconocer lo que ya sabemos: cuando la motivación falta, la disciplina es lo único que nos saca de la cama. No hay más.
Sobre la frustración, ese sentimiento que aparece cuando las cosas en la pista no salen a la primera, esa pequeña pero dolorosa derrota íntima que nos impide manejar correctamente los días malos, no atañe únicamente al entrenamiento, al cansancio o la desmotivación; tal vez también está relacionada con la idea de que vivimos en la era que los sociólogos modernos llaman “de la inmediatez”. Y es que los expertos afirman que nos hemos acostumbrado a obtener al instante muchas cosas que deseamos, con un solo clic, y sin demasiado esfuerzo.
La frustración, dice La Real Academia Española, es el “malestar emocional causado por no poder satisfacer un deseo, necesidad o expectativa”. Y las redes, en su mayoría, no ayudan mucho, pues hacen ver un mundo en el que las medallas, los super tiempos y los podios son el resultado de la inspiración pura y no de kilómetros y madrugadas ingratas. Vender un éxito instantáneo solo siembra confusión, sobre todo en los corredores principiantes.
Es necesario entender y recordar siempre que el verdadero y único camino para superar la frustración y la falta de motivación es el trabajo inteligente, paciente y bien estructurado. Son justamente en esos días complicados en los que se forja nuestro carácter como corredores, y se convierten en herramientas útiles para afrontar algunos momentos difíciles de la vida. Correr inspirados y con el corazón es hermoso, pero solo dura unos momentos, correr con estrategia es lo que te hace avanzar.
Así que si en estos días la inspiración te abandonó y te sientes frustrado, el problema no son tus piernas, tu fuerza de voluntad o la épica ajena. Seguramente está faltando una estrategia, un plan bien pensado que sepa cuándo exigir y cuándo descansar: matemática, biología, fisiología y nutrición aplicadas para rendir mejor en el asfalto y eso solo un buen entrenador y un programa personalizado te lo pueden dar. Yo ya retomé mi rumbo, ¿y tú?.
POR ROSSANA AYALA
@AYALAROSS1















