Los corredores, por definición, somos locos solitarios. Disfrutamos de la sensación de libertad que nos da el movimiento y, cuando nos contagiamos de la pasión por correr, a veces también tenemos que compartirla con otras pasiones, incluida la del amor, y eso no siempre resulta sencillo. Porque al final la carrera también es otro amor que requiere de tiempo, energía, que sabe hacerse indispensable y que puede convertirse en compañera fiel para toda la vida.
Y es que cuando corremos, nuestro cerebro libera las mismas sustancias bioquímicas que produce cuando nos sentimos enamorados, esa sensación que nos hace ver el mundo más bello y positivo, y nos hacen sentir tan bien, es debido a las endorfinas. Aunque los científicos no se han puesto totalmente de acuerdo en el poder y el efecto de las endorfinas en nuestro organismo muchos corredores, tanto amateurs como profesionales, comparan la intensidad de sus emociones al correr con el amor, ya sea que se trate de un proceso químico o solo de la idea de repetir algo que al final produce felicidad.
Si nuestra pareja corre, todo es más sencillo, porque se comparte y se coincide en otra pasión, pero si no, mantener contentos a los dos amores dependerá de ciertas habilidades y de la capacidad para empatizar. No podemos imponer siempre nuestros criterios, ni anteponer nuestra afición a las responsabilidades en el hogar, ni a las actividades familiares y sociales, de lo contrario, pronto se cansarán de nosotros y de nuestra pasión por correr.
En lo personal puedo decir que tengo la suerte de que, a pesar de que mi esposo y ninguno mis hijos son corredores, son muy comprensivos y condescendientes conmigo, puedo decir que su paciencia es infinita, pues no sólo aguantan las levantadas temprano, soportan mis pláticas sobre tiempos y distancias, me apoyan en los malos momentos, y son los primeros en disfrutar y celebrar mis logros. El día de carrera permanecen de pie, cerca de la meta, solo para verme pasar y animarme a seguir.
Un buen consejo para mantener el equilibrio entre el amor a la carrera y el amor a la pareja es planificar el entrenamiento a la hora que menos interfiera en la vida familiar. La mayoría prefiere salir muy temprano en la mañana, pero si eso no es posible, no habrá más remedio que salir a correr por la tarde-noche, en este caso, lo mejor es atender primero las responsabilidades en casa, aunque eso signifique que saldremos más tarde.
Pero cuando realmente las cosas cambian para quien no corre es cuando decidimos preparar un maratón. Y es que él o ella, aunque no salgan a entrenar, de alguna forma preparan también el maratón con nosotros. Los horarios y actividades de casa se adaptan a nuestros entrenamientos, por mucho que tratemos de que no interfieran en las rutinas domésticas terminamos, por ejemplo, cancelando compromisos para no desvelarnos.
Por ello agradezcamos siempre a esa persona que hace equipo con nosotros, y que aún sin correr, empatiza y nos comprende. Contar con alguien así es un privilegio. Nada como el amor puede tener en sí mismo otro motivo que ver feliz a ser amado. Y si somos tan afortunados para tener al mismo tiempo dos amores: el de la carrera y el de una pareja, entonces somos bendecidos y privilegiados. Cuidemos y cultivemos nuestros dos amores, dándoles a cada uno su tiempo, su importancia en su momento, porque si logramos equilibrar nuestra vida con esos dos amores, entonces seremos mucho más felices.
POR ROSSANA AYALA
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